Esta vez las encuestas no se equivocaron. El candidato de centro, Emanuel Macron y la ultraderechista Marine Le Pen, pasaron a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Francia.
Para llegar ahí y lejos de cualquier cálculo, votó casi un 70 por ciento de los franceses habilitados; una de las participaciones más altas de los últimos 40 años.
Aunque no hay nada resuelto, las encuestas señalan que Macron se impondría por amplia ventaja, lo que hace respirar con más tranquilidad a los defensores de la Unión Europea y quienes rechazan el discurso nacionalista, xenófobo y anti-inmigrantes de la candidata del Frente Nacional.
Pero los resultados franceses dejaron heridos y de gravedad. La clase política tradicional. Por primera vez desde 1958, la fundación de la V República; socialistas y derecha quedan fuera de la segunda vuelta, confirmando una tendencia, el rechazo a la clase política tradicional reemplazados por candidatos que ofrecen renovación y quebrando así el tradicional eje izquierda-derecha que alternó en el poder desde la segundas mitad del siglo XX. De eso y porque Francia es un referente, los políticos de todo el mundo democrático toman nota.
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