Se supera a sí mismo, pero no en un buen sentido. El Papa Francisco ahora pidió perdón a las víctimas de Karadima por haber dicho que no había pruebas contra Barros.
Pero superdón fue sólo por equivocarse de palabra. Dijo que en vez de emplear “prueba” debió decir que no había “evidencias” . Agregó que entendía que su frase había sido como una cachetada.
Pide perdón, pero insiste en que no hay evidencia. Dice que el testimonio de las víctimas lo es pero que no hay dichos testimonios contra Barros.
Si se refiere a una causa contra el obispo de Osorno, claro eso no existe. Pero eso es un formalismo que indigna más en un momento en que Bergoglio estaba pidiendo perdón; mismo momento en que cuenta además que dos veces le rechazó la renuncia.
Porque olvida las denuncias públicas de Cruz, Hamilton y Murillo que incesantemente han acusado de encubrimiento a Barros, olvida la carta que Juan Carlos Cruz envió a través del Nuncio y olvida también los testimonios de las ytres víctimas en procesos judiciales y eclesiásticos contra Karadima donde Barros y otros sí son mencionados como encubridores.
Pero tal vez el olvido más doroso del Papa es no disculparse por decir que quienes acusan a Barros lo están calumniando y por tratar de tontos a los fieles de Osorno. Todo esto es sobre todo para las víctimas un nuevo insulto y no un acto de contricción.
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