Hay momentos en que es la hora de ver si las promesas y las buenas intenciones son reales. Ese momento llegó para el Papa Francisco.
La Fiscalía chilena le pidió antecedentes sobre abusos sexuales de parte de sacerdotes católicos. Ahora es cuando se sabrá si se comporta como el jefe de un Estado que debe colaborar con la justicia de otro Estado donde se cometieron los delitos. O si más bien se erige como el líder espiritual de una institución que ha encubierto abusadores.
Para el Fiscal Nacional Jorge Abbott, aunque no fuera su intención, éste es un momento que le permite a bajo costo recuperar parte de su alicaída imagen.
A bajo costo porque es similar que perseguir hoy penalmente a Carabineros: cuando una institución (a pesar de tener a la gran mayoría de funcionarios honrados) está desprestigiada, se arriesga poco y los obstáculos para ir tras parte de sus integrantes son menores.
Por eso: bien que el Ministerio Público en el caso de la Iglesia Católica indague a fondo. Excelente que aquí rija el caiga quien caiga. Notable que aquí no sólo se busque a delincuentes sino a sus encubridores.
Pero no esa firmeza deja más en evidencia todo lo que no se investigó en otros casos, los de platas políticas con quienes fueron financiados ilegalmente y dañaron nuestra democracia.
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