Entre 13 y 16 años tenían los cuatro menores de edad que murieron acribillados anoche en una población de la comuna de Quilicura. Según la policía celebraban un cumpleaños en torno a una fogata en una plaza cercana a la casa de uno de ellos cuando desde un vehículo se realizaron los disparos que dejaron a varias personas heridas, además de las víctimas mortales. Los hechores huyeron y el vehículo apareció calcinado horas mas tarde.
El crimen múltiple, casi una masacre, marcará el inicio de la semana en materia de seguridad. Ya hay autoridades llamando al gobierno a cumplir con lo prometido en la cuenta pública para actuar eficientemente. El presidente de la comisión de seguridad del Senado, Iván Flores, instó al presidente a apretar los dientes y concretar medidas como sacar a carabineros de labores administrativas y dotar a las policías de más personal para combatir la violencia y el crimen organizado.
La Defensoría de la Niñez ha expresado su preocupación por el creciente número de víctimas menores de edad e incluso una fundación impulsó el desarrollo de una cotona anti balas para los niños y niñas que viven o estudian en sectores conflictivos.
El aumento de menores heridos y fallecidos por armas de fuego es evidente. Si el año 2002 fueron 28, el 2022 se llegó a un peak de 49. El año pasado fueron 38 los niños muertos por balas. Cuesta pensar que este año las cifras sean muy distintas, considerando el fácil acceso al armamento y la lenta reacción de todos los actores involucrados para hacer la diferencia.
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