Hay mitos que nacen de la noche a la mañana, especialmente cuando se trata de comunicación política en época de elecciones.
Un asesor estratégico del entonces candidato Bill Clinton, llamado James Carville, acuñó un eslogan que se estimó demoledor para evitar la reelección de George Bush Jr en 1992: “Es la economía, estúpido”.
Había recesión en Estados Unidos y la frase redujo cualquier materia de interés ciudadano a enfocarse en la economía.
Clinton ganó y la frase se ha usado en varios países cambiando el sujeto principal, según lo que esté afectando la percepción de los ciudadanos. “Es la desigualdad, estúpido”, “es la inmigración, estúpido”, “es la educación, estúpido”, etcétera, etcétera.
Hoy, la misma lógica abarca las próximas elecciones. “Es la seguridad, estúpido” y quién ofrece más y mejores combos y municiones, se acerca al núcleo de la preocupación ciudadana.
Por cierto, hay un enorme problema de seguridad, pero reducir nuestra realidad a la seguridad fuera de falsa, es una imagen que esconde hábilmente otras imágenes, como la deserción escolar, los bajos sueldos, la imposibilidad por casi tres décadas de reformar la Ley de Pensiones, lo que son materias transversales de gobierno de distintos signos. La fijación de un tema siempre oculta otros.
Chile tiene un problema de seguridad, sí, que se sobre explota para no tener que mencionar los otros problemas estructurales que son más fáciles de resolver si hay cooperación, que en definitiva es exactamente lo que hoy no se encuentra y que cuesta conseguir.
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