El más joven de la familia presidencial de Estados Unidos, Hunter Biden, es el primer hijo de un presidente en ejercicio que se convierte en alguien procesado y convicto por la justicia de ese país. Hunter Biden fue declarado culpable de todos los cargos en su contra, incluidos uso de drogas y tenencia ilegal de armas, lo que podía significar hasta un máximo de 25 años.
Nadie esperaba que Hunter Biden fuera encarcelado por más de cinco años, según encuestas y de acuerdo a testimonios de múltiples abogados. Estos últimos planteaban que lo más probable era que le dieran una sentencia desde 20 meses a un máximo de cinco años. Hunter Biden había reconocido que fue drogadicto por mucho tiempo, pero que se había mejorado de su condición, lo que certificó en su juicio.
Esto no es primera vez que ocurre los perdones presidenciales. Por ejemplo, los últimos presidentes. Donald Trump otorgó indulto presidencial 237 veces durante sus cuatro años en el cargo y Barack Obama lo hizo 1927 veces, casi siempre en casos relacionados con drogas, fraudes y la evasión del servicio militar.
Pero Biden había dicho que no iba a usar su poder de indulto presidencial beneficiando a su hijo y eso no ocurrió, porque se informó ayer que Biden accedió a su facultad de otorgar el perdón presidencial a su hijo, primera vez que algo así pasa en este país.
Como Estados Unidos es considerado uno de los modelos de justicia, caiga quien caiga, no cabe duda que esta excepción va a impactar muy fuerte en ese concepto de no discriminar en quién es el imputado o a qué clase social o política pertenece.
La decisión del presidente Biden puede ser legal, pero manda un mensaje de exclusividad y sesgo de poder que tiñe mal lo que era algo extraordinario en la primera potencia mundial.
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