Hay dos emplazamientos públicos que todo el mundo que existan, pero nadie los quiere en su comuna: los basurales y las cárceles. Eso se sabe y no es sorpresa, por lo tanto, lo que está pasando no debiera haber sorprendido a nadie del Gobierno.
La imposición desde el Gobierno de una nueva cárcel o un nuevo basural solo crea resquemor y desafección política. Pero la opción, consultar antes si se aprueba una cárcel o un basural en su territorio, es casi obvio que termina con un rotundo ‘en mi territorio no’.
¿Qué hacer entonces? Yo imagino que más temprano que tarde será, bueno, el dinero en la forma de compensaciones del Estado a la comuna que podría terminar con el tema. Y si eso no pasa, la alternativa es revisar si vale bien hacer una cárcel al estándar clásico dentro de la ciudad o experimentar sacando las cárceles fuera o haciendo básicamente cárceles en islas, como pasan montones de partes.
Cosa de que esto no tenga que pasar por una aprobación ciudadana porque, repito, lo más probable es que cada vez que se haga esto para tener una cárcel o un basural, la respuesta de los vecinos va a ser ‘en mi comuna no’.
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