Si miramos el mundo desde una óptica competitiva, da la impresión que estamos en un peak de confrontación; guerras en tres continentes; un estilo de confrontación política soez, donde lo menos que se propone es armar a buenas personas, para enfrentar a malas personas que ya están con armas y no dudan en usarlas.
Hablar a garabatos contra el adversario, etiquetarlos y deshumanizarlos, burlarse de ellos, pareciera el programa académico del combate político moderno.
Como si nunca hubiera habido una realidad distinta.
Se nos olvidó que tenemos experiencias notables de colaboración hasta hace poco. Gente de todos los sectores votó que NO, cuando el miedo campeaba, y el país ganó. El gobierno que asumió no buscó capitalizar el triunfo de inmediato y no deshizo todo lo realizado antes, buscando un retorno económico y democrático posibles. El sistema democrático volvió y ha resistido cambios fuertes de gobierno, invirtiendo en estabilidad política, más que en aventuras.
Todo el país se unió detrás de la voluntad política y humana del gobernante, independientemente de si votaron o no por él, para sacar del fondo de la tierra a 33 mineros en una fecha que en estos días conmemoramos. Y la satisfacción que sentimos cuando se hace algo emotivamente unidos, todavía se recuerda y todavía se siente.
Las elecciones eligen personas. Los acuerdos para enfrentar -unidos- desafíos nacionales hablan de la calidad de las personas.
En el décimo cuarto aniversario del rescate de los 33 mineros, dejemos que esa experiencia humana, de gobernantes y gobernados, no sucumba jamás al grito insolente de la pura competencia. Donde, una vez más, mirarnos en el espejo de Chile nos refleje una imagen nacional de tremendo orgullo.
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