Lo deseable sería siempre más y no menos debates. Más y no menos entrevistas. En todos los formatos y espacios posibles.
Pero hagamos memoria: en la elección de 2021, el actual oficialismo encontró del todo razonable que el candidato Gabriel Boric no asistiera a un debate organizado por CHV y CNN para la segunda vuelta. El equipo de José Antonio Kast criticó duramente esta decisión.
Hoy, los papeles se invierten y cada sector sostiene con la misma fuerza la posición contraria.
Se repite la lógica de que arriesga más quien va de atrás.
Es más: dentro de esta misma elección, cuando Jeannette Jara dejó de asistir a debates, Kast la criticó; y ahora que Kast no quiso participar, es Jara quien lo cuestiona.
Sabiendo que hay un límite de tiempo para las apariciones públicas —en una campaña de segunda vuelta que es corta—, los debates y las entrevistas políticas, ayer como hoy, parecen momentos relevantes para que la ciudadanía se informe.
Y más allá de la campaña presidencial, no sería malo que los políticos se examinen: si han estado siempre dispuestos a ser escrutados o si buscan espacios de mayor confort. Si no lo han estado, no deberían perder de vista que, a futuro, le bajan el costo a sus adversarios cuando luego son ellos los que no quieren ser escrutados.
Es bueno para la democracia entender que cuando no acceden a una declaración o a una entrevista no es a ese medio o a ese periodista al que se niegan, sino a ciudadanos que podrían haber estado mejor informados.
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