Cito al Presidente de la República en su mensaje de Cuenta Pública:
“Al finalizar nuestro mandato la economía chilena habrá crecido anualmente por encima del promedio de los ocho años anteriores, habrá generado más de 700 mil empleos, se habrá reducido la pobreza, las tasas de informalidad serán menores que cuando comenzamos, y habremos frenado el crecimiento de la deuda pública. Me pueden cobrar la palabra.”
¿Cómo se le cobra la palabra a un Presidente en una democracia? En Chile, no hay reelección inmediata, como en otros países, por lo que no se puede castigar a un Presidente no reeligiéndolo; a lo más ese castigo electoral es contra su coalición o su sector.
Una de las ventajas de la reelección inmediata, que se discutió en los dos fracasados procesos constitucionales, es que se dispone de más tiempo y menos excusas para cumplir lo prometido, y -segundo- que el voto ciudadano en contra de la reelección inmediata del Gobernante, efectivamente puede estar cobrando la palabra de promesas insatisfechas.
Por ahora, en nuestra democracia, para cobrar la palabra de promesas no realizadas hay que esperar cuatro años, siempre que el o la gobernante vuelvan a presentarse como candidatos a Presidente de la República.
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