José Antonio Kast y Johannes Kaiser colgando cabeza abajo fueron exhibidos en un paradero del Transantiago portando esvásticas nazis y de cabeza, simulando los cadáveres del líder fascista Benito Mussolini y sus partidarios.
Luego, una canción llamando a “pitearse” al candidato del FA, Gonzalo Winter.
Todo esto pasó en una misma semana, en que claramente los márgenes de lo aceptable dentro de un sistema democrático se traspasaron.
Hubo una reacción bastante transversal en contra, es cierto, pero cabría ser aún más enfáticos en condenar y explicitar que conductas de este tipo son completamente inaceptables. Las ideas se combaten a través del debate, de la persuasión, jamás por la fuerza ni por la violencia, sea esta simbólica o real.
A veces se considera que la violencia simbólica es menos lesiva, que no hay que tomarla tan en serio, que cae hasta dentro de la parodia o el humor. Pero no es así.
Los traspasos del lenguaje y la representación pueden habilitar la violencia en la vida real. Y en tiempos de erosión democrática, hay que repetirlo una y otra vez, tal el nombre de este programa; Tolerancia total al debate razonado, racional, respetuoso. Y tolerancia cero a la violencia en cualquier de sus formas.
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