La escritora Alyson Richman, con su novela histórica, nos transporta a una época que marcó un antes y un después en el mundo. A través de dos voces, con un estilo similar al de un diario de vida, retrata cómo es vivir antes y después del nazismo, abordando temas contingentes: ¿cómo empezar una nueva vida cuando se es desterrado, ya sea por razones políticas o religiosas?
—¿Cómo podían volver a empezar en un país en el que no tenían familia y cuyo idioma y cultura les eran totalmente desconocidas?
Una pregunta que trasciende cualquier contexto de la historia, un planteamiento reciente si lo llevamos a lo que está pasando en la nueva era de Donald Trump, quien, tras asumir su nuevo mandato, firmó una serie de decretos que colocaron en alerta a la comunidad migrante latinoamericana. Pero si lo llevamos a nuestro contexto, tenemos el ejemplo de la situación en Venezuela, donde se comparte el idioma, pero las culturas son distintas. Y si viajamos aún más lejos, podemos observar los desplazamientos en la Franja de Gaza.
Esta es la migración forzada, cuando una persona debe abandonar su tierra por conflictos armados o desastres naturales. Así lo describe la protagonista de la novela histórica de Lenka Josefina Maizel, quien narra en primera persona cómo vivió el antes y el después de la invasión nazi en Praga, la capital de la República Checa.
Ciudad vieja de Praga. Crédito: Free Tour Praga.
Todos tenemos alguna noción de lo que fue esa época y de la figura de Adolf Hitler, ya sea a través de la película El niño con el pijama de rayas, la reciente pieza audiovisual Jojo Rabbit, protagonizada por la actriz Scarlett Johansson, o la clásica lectura escolar, El diario de Ana Frank. Sin embargo, siempre existen novedades y hallazgos que solo conocen los sobrevivientes de esa época.
Esa fue la apuesta de Alyson Richman, quien, a través de un extenso trabajo de investigación y relatos, transforma Los amantes de Praga en una obra con dos voces que nos cuentan, a través de una línea cronológica, quiénes son y nos presentan su núcleo familiar, su adolescencia, adultez y vejez.
Lenka y Josef Kohn son los protagonistas de esta narrativa. Como lectora, las descripciones, los paisajes y el estilo de diario de vida que permite adentrarse en esa amistad me atraparon rápidamente; fue una lectura ágil porque el estilo de Richman te permite imaginar cada escena.
Y los contrastes de la vida: pasar de una vida próspera a la oscuridad. Así lo plantea Lenka: “Me había alejado de una Praga libre de la sombra de Hitler, pero a mi retorno su presencia amenazaba cada rincón de la ciudad”.
Desde la perspectiva de Josef: “A medida que aumentaron las tensiones en Praga, nos encontramos comportándonos como todos los demás judíos a nuestro alrededor. Ahora manteníamos la cabeza baja cuando caminábamos a casa y evitábamos el contacto visual con cualquier persona. Era como si todos los judíos de Praga desearan poder desaparecer”.
Praga y Chile son muy distintos, pero si tenemos algo en común son las violaciones a los derechos humanos. Augusto Pinochet no fue Hitler, pero sí se inspiró en los totalitarismos de esa época, en la imagen del líder y en aplacar al “cáncer marxista”, en vez de exterminar a la población judía. Allanamientos a las casas, en las poblaciones, toques de queda, violencia sexual y las crueldades más inhumanas que uno puede imaginar.
En tiempos de negacionismo, es importante mirar hacia atrás, y precisamente esta novela lo hace, pero no de la manera convencional que enseñan en las clases de historia.
El libro hace un punto de quiebre, para ser exactos, el 5 de octubre de 1938, cuando el presidente Edvard Beneš “dimitió al darse cuenta de que la ocupación nazi era inminente”.