A veces damos por garantizadas ciertas cosas y no deberíamos.
Ayer fuimos testigos de una llamada telefónica: la menos privada de Chile, se da cada cuatro años y fue cierre de una jornada (salvo por el Lipigate) alejada del barro de campaña que permitió limpiar el ambiente.
Ambos estuvieron a la altura. El Presidente en ejercicio ofreciendo cooperación y el Presidente electo pidiendo ayuda.
Un diálogo en que las formas importan y muy distante del que tanto costó que se produjera hace 4 años.
Antes el Servel a menos de una hora de cerradas las mesas ya tenía el 25% de los votos escrutados y, por tanto, ya sabíamos que José Antonio Kast era el nuevo mandatario.
Jeannette Jara siguió la tradición de reconocer de inmediato y sin reparos la derrota e ir a saludar al vencedor.
En su extenso discurso, Kast reconoció a quienes le han precedido e incluso a su rival, de quien destacó su coraje.
Para sentirnos orgullosos porque basta mirar el barrio para saber que no hay que darlo por descontado.
En Honduras dos semanas y siguen contando votos. Ni qué decir en qué terminó la derrota de Trump ante Biden y la de Bolsonaro ante Lula; Cristina Kirchner quiso entregarle el bastión de mando a su sucesor, Maduro se robó las elecciones y así sin signo ideológico que se excluya, vemos políticos dispuestos en la forma o en el fondo a saltarse o torcer la voluntad popular.
Las formas sí importan, el fin no justifica los medios y en ustedes; Gobierno y oposición, hay una responsabilidad enorme.
En tiempos en que se valora cada vez menos la democracia, merecemos que, como ayer, estén más que a la altura del honor de representarnos.
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