Benjamín Rivas Beltrán, grábense ese nombre. Tiene 18 años, estudió en un liceo de Curanilahue y es puntaje nacional en matemáticas.
Ya es un mérito no viniendo de los típicos colegios. Pero además, Benjamín vive con parálisis cerebral.
La parte medio llena del vaso: en Chile ha aumentado la cantidad de personas con discapacidad que ingresan a la educación superior y también las que la terminan. La parte vacía del vaso es que no llegan al 10% entre quienes están en situación de discapacidad.
Las ponemos en esa situación porque no hacemos las adecuaciones básicas. Si hay dos libros, uno en braille y otro tradicional, la persona ciega y usted pueden leer. Pero pongo en una situación de discapacidad a quien no ve con los ojos si no le entrego ese libro en relieve. Es cuestión de perspectiva, porque si se apaga la luz… y están los dos libros, ¿quién es ciego ahí? Usted.
Benjamín ha tenido que luchar en un país que jamás pensaría en dejar de usar el cobre, pero que se da el lujo de perderse talentos como él, que quedan en el camino por falta de recursos o apoyo.
Esto no es buenismo, es un tema de DD. HH. Nos parecería escandaloso hacer colegios o universidades sin baños, pero aceptamos que abran sin equipos profesionales de inclusión.
En Chile no sobran los Benjamines. Nadie sobra, pero intuyo que, como marchan poco las personas con discapacidad, rara vez son prioridad. Este será un mejor país el día en que una discapacidad sea un diagnóstico y no un pronóstico de lo que lograrás.
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