Transcurridos tres años del gobierno del Presidente Boric, es evidente que no es el gobierno que sus adversarios temían, tampoco el gobierno que sus partidarios anhelaban.
Ha experimentado una verdadera mutación, iniciada, por supuesto, después del resultado del 4 de septiembre de 2022, cuando su proyecto de nueva Constitución fue rechazado. Nadie se esperaba que, habiendo llegado al poder prometiendo el fin de las AFP, terminara aprobando una reforma que hace crecer el patrimonio administrado por las AFP. No voy a seguir con las leyes de seguridad, con los estados de excepción convertidos en estado permanente, con la nacionalización del litio, que termina con una alianza entre Codelco y SQM.
Yo levanté esta tesis de la mutación hace como dos años y, mientras daba una charla, una señora me dice indignada desde la primera fila: “¿Pero están mutando por convicción o por obligación?”. Y yo le contesté: “Pregúntele a la oruga si se convierte en mariposa por convicción o por obligación”. Y ahora agregaría: la mariposa nunca vuelve a ser oruga.
Fíjense que esto, desde la derecha, se toma muy críticamente como vueltas de carnero; desde la extrema izquierda, como traición a los principios y al programa.
Yo lo saludo como un proceso de maduración indispensable y positivo para el país, porque esta generación política, esté en la oposición o en el gobierno en el futuro próximo, ya no será la misma. Conocerá de limitaciones financieras, conocerá de correlación de fuerzas, conocerá de la necesidad de gradualidad, conocerá de la inserción internacional. En fin, la mariposa no volverá a ser oruga porque no quiere ni puede.
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