En este minuto de confianza voy a hablar precisamente de eso… de la confianza.
Porque varios de los análisis que se han hecho del último proceso electoral que terminó la semana pasada es que hay una porción no menor del electorado chileno que desconfía profundamente de la política. Desconfía del Estado y de sus instituciones.
Y hay buenas razones para eso. Hoy mismo, hace algunas horas, fue destituido por el Senado un ministro de la Corte Suprema, Diego Simpértigue, quien se convirtió en el cuarto alto magistrado en perder su cargo en un año, después de Ángela Vivanco, Sergio Muñoz y Antonio Ulloa.
También han sido impactantes los detalles conocidos en los últimos días de cómo operaba la red de corrupción en Gendarmería, en que incluso se cobraba en servicios sexuales para ingresar elementos prohibidos a las cárceles.
Pero en medio de estos escándalos hay señales esperanzadoras, que permiten ilusionarse con la posibilidad de que pueda restituirse el imperio de la ley y el orden, y el prestigio de nuestras instituciones.
Una de las generadoras de buenas noticias en este sentido es la contralora general Dorothy Pérez, quien esta mañana se reunió con el presidente electo. Sus fiscalizaciones, como la de las licencias médicas irregulares, han provocado efectos correctivos casi inmediatos.
Y lo mismo se espera de la nueva presidenta de la Corte Suprema, Gloria Ana Chevesich, quien fue elegida de manera unánime por sus pares en una muestra de confianza en su criterio y en su probidad.
Son dos mujeres con carácter, que han dedicado su vida a la función pública de manera intachable y que ahora tienen mucho poder.
Es posible cambiar la desconfianza por la esperanza. Empiezan a verse señales positivas.
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