Los menores pasan 7,6 horas diarias frente a sus celulares en Chile, de las cuales solo 16 minutos están destinados a trabajos escolares.
Esta exposición excesiva, como ha quedado documentado en muchos países del mundo, produce daños en salud mental, concentración, atención, aprendizaje y sueño, entre otros efectos.
Por eso es una buena noticia que esté avanzando en nuestro país el proyecto de ley que pone fin al uso de teléfonos celulares en las aulas de colegios.
Esta ley fue aprobada la Cámara de Diputados en agosto y respaldado en general por la Sala del Senado en los primeros días de septiembre, que aprobó, con 48 votos a favor, legislar sobre la iniciativa, que hoy cumple su segundo trámite constitucional y que tuvo su origen en siete mociones refundidas.
En lo fundamental, se prohíbe el uso de celulares en las salas de clases y se señala que los reglamentos de los distintos establecimientos educacionales deberán disponer de las medidas necesarias para materializar esta prohibición.
Es una ley que va en el sentido correcto y que es, además, de sentido común. Como dice Jonathan Haidt, uno de los mayores expertos en la materia: “No hay ningún beneficio en que los niños tengan el mayor dispositivo de distracción de la historia en sus bolsillos durante la clase”.
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